lunes, 16 de marzo de 2026

Héroes de tinta

… una exposición, una galería  y un cine prehistórico


Un par de mañanas en Madrid dan mucho de sí. Sin prisas, solo con la parada del café, que no puede faltar, nos dio tiempo a ver algunas exposiciones.


Héoes de Tinta. Ricardo Martínez
La Fiambrera Art Gallery


Una de ellas estaba en la Calle del Pez. Sí, esa misma donde Mortadelo y Filemón tenían su despacho. Muy apropiado, porque en el número 30 hay una galería que parece salida de un cómic: La Fiambrera Art Gallery. Allí fuimos atraídos por una muestra del dibujante Ricardo Martínez —el de Goomer—, y su mundo de cultura pop. Héroes de tinta se llama, y rinde homenaje a esos personajes del tebeo que nos han hecho soñar desde siempre: el gato Félix, Snoopy, Mortadelo (está en su barrio), Mafalda, Popeye, Carlitos… todos reunidos.


Héroes de Tinta de Ricardo Martínez


Los dibujos son muy chulos, una delicia, hechos con la técnica del scratchboard, que yo desconocía y que allí mismo aprendí que consiste en raspar una láminas cubiertas de escayola pintada de negro hasta sacar el blanco del fondo. Me encantó…


Pero lo mejor fue lo de siempre: que una cosa me llevó a otra. La ilustración del gato Felix me abrió una puerta remota, la de un recuerdo de infancia. En casa teníamos algo parecido a un Cinexin, pero aún mas antiguo —casi prehistórico— con unos gatos como protagonistas.


El gato Félix de Ricardo Martínez

El gato Félix


No sé que fue de aquel proyector de los años 60, pero recordé hasta los detalles: el proyector verde metálico, la manivela, la luz. El sistema estaba basado en la linterna mágica, compuesta de dos cajas metálicas ensambladas, en una de las cuales había una bombilla y un rodillo lateral con la película que había que mover con una manivela. Todo muy manual, nada de darle a un botón o decir “Oye, Siri…”


Proyector NIC, invento de los hermanos NIColau Griñó

Proyector NIC en el Museo Pedagógico de Aragón



Era una NIC, como he descubierto ahora curioseando por Internet. He visto que en algunos museos —en Salamanca y en Zaragoza— los tienen en exposición. El del Museo Pedagógico de Aragón es clavadito al nuestro. Lo inventaron en 1932 unos hermanos de Barcelona, los Nicolau Griñó, y de ahí el nombre. Fue todo un éxito: se exportó a medio mundo y muchas marcas copiaron el mecanismo. Sirvió para que generaciones enteras vieran cine por primera vez.


Me hace gracia pensar que todo empezó con aquella visita a una galería y acabó devolviéndome a a aquellas tardes sin tele, cuando bastaba una bombilla y una manivela para imaginar historias, para imaginar a esos gatos que iban al teatro.


¿Alguien más recuerda el NIC? A mí todavía me hace sonreír.


     


La Fiambrera Art Gallery

Calle del Pez, 30

Madrid


Pilar Otano Cabo

Badajoz, marzo de 2026




miércoles, 4 de marzo de 2026

María Blanchard. Coartada artística y feminista. Santander 2024



La comulgante. María Blanchard. Museo Reina Sofía
María Blanchard et moi, con La Comulgante en el Museo Reina Sofía, en Madrid


No era esta vez una coartada literaria, como suele ocurrir, en la que pensé al organizar el viaje a Santander, sino una coartada artística y, sobre todo, feminista. La vida de María Blanchard, tan intensa como su pintura, me llamó la atención y decidí seguir su rastro por la ciudad donde había nacido en 1881. Me lo tomé como un juego, como una caza del tesoro. La primera pista era, por supuesto, la casa natal en la calle Santa Lucía, con una de esas placas conmemorativas, “Aquí nació…” y después el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo



Casa natal de María Blanchard en Santander

Calle Santa Lucía de Santander
Aquí nació...


Pero el verdadero flechazo, que me convirtió en fan total de Blanchard, apareció por casualidad en el centro de Santander, en esa joya de librería que es Gil, Premio Zenda Librería 2023-2024. En sus expositores encontré un librito diminuto —una de esas perlas de Casimiro Libros— que parecía firmado por Lorca, pero no era del todo así: eran breves textos de amigos y escritores que conocieron bien y apreciaron aún más a María. Y ahí, en esas mínimas páginas  pude comprobar que estaba ante una mujer fuera de su tiempo, una de esa mujeres que no caben en una etiqueta.



Compré este librito sobre María Blanchard en la Librería Gil de Santander
Compré este librito en la Librería Gil de Santander

Desde entonces no he dejado de leer sobre ella; de escuchar conferencias en YouTube y de buscar libros en las bibliotecas… Así descubrí que había sido una de las grandes del cubismo. La han llamado “cubista invisible”, “mujer a destiempo”, “pintora adelantada a su tiempo”, “pintora a pesar del cubismo”, “la gran dama del cubismo”. Murió en París en 1932, con apenas 51 años, y durante décadas su nombre quedó relegado a un discreto segundo plano. En los años ochenta, por fin, empezó a ser valorada y aparecieron investigadores y estudiosos de su obra y de su vida. Y vinieron conferencias y exposiciones como la que se inaugura en mi ciudad, Badajoz, el próximo día 6 de marzo, en el Museo de Bellas Artes y que se podrá visitar hasta el 14 de junio de 2026. ¡No pienso perdérmela!



Invitación. Exposición Temporal.  María Blanchard en el MUBA de Badajoz



María Blanchard nació en una familia culta y burguesa, hija y nieta de periodistas — padre y abuelo habían fundado sendos periódicos en Santander— siendo alentada desde niña a pintar. Se formó, siempre con los mejores maestros, en Madrid y mas tarde en París donde encontró su verdadero lugar entre las vanguardias. Compartió cafés y conversaciones con Juan Gris, Diego Rivera y Angelina Beloff, grandes amigos todos ellos. En España, la cifoescoliosis de nacimiento que le deformaba la espalda la convirtió demasiadas veces en blanco de burlas; en París, sim embargo, fue acogida y valorada. Quizá por eso su pintura tiene esa mezcla de fuerza y melancolía que la caracteriza.


Mujer con abanico. María Blanchard en el Museo Reina Sofía.

Mujer con abanico. Museo Reina Sofía


En 2032 se cumplirán 100 años de su muerte. Ojalá para entonces su nombre suene tan alto como los de sus compañeros de generación. Por mi parte, le dedico este pequeño homenaje, nacido entre paseos por Santander y lecturas encontradas.


Y si pasas por Badajoz esta primavera, no dejes de visitar a mi amiga María Blanchard.


Pilar Otano Cabo

Badajoz, marzo de 2024


jueves, 4 de diciembre de 2025

La Galería Bortier, el regalo del flâneur

Unas horas sueltas dan mucho juego cuando quieres abarcar una ciudad. Y si además el azar coopera, el día se vuelve redondo. Este noviembre, Bruselas tuvo el detalle de hacernos el regalo de un sol que no estaba previsto en nuestro programa. Veníamos de visitar a Magritte -que nos había dejado la cabeza a bullir de ventanas y nubes- y en nuestro tranquilo paseo buscábamos un lugar donde comer y tomar un cafelito (¡el café que no falte, por favor!).


Galeria Bortier, Bruselas
 

Entonces, casi sin querer, apareció la elegante Galería Bortier, como un refugio escondido donde el tiempo parecía detenido entre libros antiguos y una cafetería tan bonita que casi podía ser un museo. Literatura y gastronomía son para mí una combinación perfecta; el aroma del café y de las páginas antiguas parecían querer contarme historias, las de otros tiempos, pero que también son las nuestras.  



Le Café Literaire en la Galeria Bortier
Le Café Literaire


Conocíamos ya otras galerías de Bruselas, la Galerías Reales Saint-Hubert, con sus ecos de Victor Hugo y su aire de paseo elegante. También me recordó a aquel Pasaje Macca-Vilacrosse tan francés que vimos en Bucarest hace unos años. Pero esta me pareció diferente. Es más pequeña, con su propia vida: nació en 1848, en plena fiebre parisina del hierro y cristal, cuando las galerías eran refugios luminosos para los paseantes que huían del bullicio y de los malos olores de las calles. Eran lugares de encuentros “galantes”, de compras elegantes y, claro, también para dejarse ver.


Le Cafe Literaire es casi un museo



Aquel hallazgo tuvo algo de serendipia, un regalo para unos turistas un poco flâneur como nosotros. Supimos que la galería acaba de renacer, después de medio siglo de abandono, con una filosofía del slow life que se siente nada más entrar. La Bortier te invita a desacelerar el ritmo diario y a disfrutar del momento. ¡Y cómo no hacerlo si encuentro juntas dos de las cosas que más me gustan: café y libros!


Librairie Genicot. Galerie Bortier, Bruxelles

Así, mientras la Gran Plaza nos esperaba unos pasos más allá, aquel rincón, bello testimonio del patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad, nos regaló una pausa que sabía a tiempo detenido y compañía literaria. Aunque andábamos con un poco de prisa, al final todo quedó detenido.






Tiket Bortier. Taste of Culture







Pilar Otano Cabo

Badajoz, España

Noviembre de 2025

domingo, 30 de noviembre de 2025

El Museo Magritte de Bruselas

Un mundo paradójico


Cuando tienes poco tiempo para visitar una ciudad, lo estiras hasta lo imposible y sacas cualquier hueco para no perderte nada. Eso fue lo que nos sucedió hace unos días en nuestra escapada a Bruselas. La mañana nos había llevado al Parlamento Europeo y nos esperaba un paseo por la ciudad por la tarde, así que sólo había  un resquicio para comer y descansar. Pero como para descansar ya habría tiempo al volver a casa, tiramos de nuestra lista de imperdibles de Bruselas y elegimos el Museo Magritte.


Museo Magritte_Bruselas

Magritte nos da la bienvenida

Ya fue una experiencia surrealista atravesar la Place Royale, para llegar al museo, sorteando obras, vallas y operarios que parecían surgidos de un cuadro de Magritte; eso sí, cambiando el bombín por el casco de obra. Era el caos de la ciudad, como en tantas otras, con una sinfonía de martillos y taladros que acompañan al visitante y al lugareño. En cambio, cruzar su puerta es como pasar un umbral invisible; allí empieza un espacio donde el arte de René Magritte no te mira, te observa, te invita a pensar. No es un museo de simples cuadros, es un lugar para la reflexión y, ¿por qué no? para el diventimento.


Cada sala es un reto: aquí Magritte se muestra de perfil, sosteniendo lo que parece un lápiz ante un espacio vacío y que me obliga a tirar de mi libreta y de mi boli de cuatro colores para empezar a rellenar ese papel en blanco.





Y sala tras sala, me hace sonreír. Magia y misterio, él no habla, pero lo dice todo. Paradojas que me desafían, porque claro que “esto no es una pipa. Y objetos cotidianos vestidos de textos incongruentes e inesperados; ¿no es un sombrero (ese bombín tan Magritte) para uso externo? En fin, magia, ilusión, ambigüedad, trampas mil; imágenes aparentemente normales, pero que llegan a desconcertarte, poniendo tu cabeza a cavilar, mientras los pies no consiguen despegarse del suelo ante cada pieza.



Irene o la literatura perdida y Encuentros naturales


Y seguro que alguien está esperando la coartada literaria, pero no, esta vez no. Podía tirar de Foucault, pero me tendría que poner en modo solemne y, sinceramente, no me apetece. Lo que sí tengo es un par de coartadas cinematográficas y una canción; porque hay escenas en muchas películas, tomadas de cuadros de Magritte. Ahí van un par de guiños que conectan arte y cine:


En Los abrazos rotos, de Almodovar (2009) hay una escena inspirada en la obra de Magritte, Los amantes. Es la inquietante escena en la que dos personas se besan con las cabezas envueltas en telas blancas que impiden el contacto.


Aquí puedes ver el tráiler. La escena aparece en el minuto 1:18



Los amantes y Los abrazos rotos





Por otro lado, la escena final de El show de Truman (1998), protagonizada por Jim Carrey, está también inspirada en una pintura de Magritte, Arquitectura al claro de luna

En este enlace puedes ver la escena final completa.


Magritte y El show de Truman


Para redondear la experiencia, dejo una canción de Paul Simon dedicada a René y Georgette Magritte, incluida en su disco Hearts and Bones, de 1987;  René Magritte and Georgette Magritte with Their Dog After the War; una balada tan surrealista como sus propios cuadros.


Y como recuerdo, la típica postalita que traigo en esas ocasiones para la pared viajera de mi estudio. Tenía que ser la más emblemática de todas, El hijo del hombre, supuestamente su autorretrato, pero como la cara está tapada con la manzana voladora, no lo podemos asegurar. 


El hijo del hombre, Magritte en mi pared viajera

Magritte en mi pared viajera




Pilar Otano Cabo
Badajoz, España
Noviembre de 2025

viernes, 21 de noviembre de 2025

El chiste cruza la calle

Quienes tengan mi edad y hayan transitado por la calle San Juan de Badajoz durante los años 60 recordarán el chiste que había en la esquina con la calle Virgen de la Soledad. Eran los Almacenes La Paloma, un punto de modernidad en la ciudad y un referente en el comercio pacense.


El chiste llamó la atención de los transeúntes a diario durante años. Era la época de la publicidad tipo Mad Men -salvando las distancias-; “algo artesanal, realizada y coloreada  a mano… sobre una cartulina de 70x50”. El chiste siempre trataba “temas de actualidad, sociales, costumbristas, locales o comerciales”.


Pues bien, “El chiste del día” desapareció hace años, y ahora ha cruzado la calle y tenemos otro chiste a tan solo unos metros de lo que fue La Paloma y que ahora es El Corte de Espin. El responsable del chiste hoy no es el Don Draper de Mad Men, sino Lorenzo Blanco y lo podemos ver en un panel digital informativo que la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País (RSEEAP) tiene en la Calle San Juan.



Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País (RSEEAP)
Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País

Lorenzo Blanco es, entre otras muchas cosas, un entusiasta divulgador de la ciencia y de las matemáticas y su enseñanza/aprendizaje. Ha puesto a disposición de los paseantes su enorme colección de chistes matemáticos, en los que aflora su sensibilidad ante los problemas cotidianos que nos rodean. Nos hace ver cómo el humor puede ayudar a comprender las matemáticas y a comprender también un poco mejor el mundo. Sabe que el humor también enseña. Entre sus chistes se cuelan ecuaciones, paradojas, reflexiones y un punto de ternura. Porque al final, entender una broma o una fórmula no es tan distinto: en ambos casos se trata de ver lo invisible.






Así que la próxima vez que pases por la calle San Juan, detente un momento y no te pierdas ese “humor matemático”que varía periódicamente en la cristalera de la RSEEAP. 



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España) 

Noviembre de 2025

La Gran Plaza de Bruselas

...y Victor Hugo


Entrar en una plaza emblemática, como la Gran Plaza de Bruselas, siempre impresiona. Tenía un vago recuerdo de nuestra visita anterior, hace por lo menos treinta años. Una imagen algo desdibujada, pero aclarada por las imágenes coloridas de esa alfombra de flores que la cubre cada dos años en el mes de agosto y que hemos visto decenas de veces en la tele. Un espectáculo artístico tan bello como efímero.




Pues bien, esta vez al acceder a la Gran Plaza no había begonias, sólo decenas de turistas como nosotros con sus cámaras. Siempre me gusta colocarme en el centro de las plazas y girarme para abarcarlo todo de una sola mirada, como la función panorámica de mi iPhone; la plaza entera en un solo gesto. Y allí, en esa tarde inusualmente soleada de noviembre, las fachadas barrocas y góticas me miraban y parecían querer contarme todos los secretos de los antiguos gremios y mercaderes que la habitaron, ajenos al bullicio de los visitantes. Por fin, me detengo bajo la altísima torre del Ayuntamiento, que parece desafiar al cielo. Y quiero imaginar a una feliz pareja de recién casados, que acaban de dar el “sí, quiero” en este bello lugar. 


Ayuntamiento de Bruselas en la Gran Plaza


No he podido evitar recordar la Plaza Roja de Moscú. Allí todo era más solemne; sus edificios, que habían sido testigos de terribles episodios que estremecieron el mundo, imponen respeto. Es el peso de la historia, de siglos y de tragedias. Aquí, sin embargo, en este corazón comercial y administrativo que fue, y que sigue siendo, la historia se disuelve en la vida cotidiana. Los turistas nos lanzamos a las tiendas en las calles que rodean la plaza, a comprar muñequinos en la Boutique Tintin o chocolate en la Neuhaus. O a cenar en un lugar típico, como La Rose Blanche. Y al salir, la luz de la tarde se había coloreado, vistiendo de fiesta los elegantes edificios. 



Ayuntamiento de Bruselas en la Gran Plaza


Pero ya sabéis quienes os asomáis por aquí de vez en cuando, que me gusta encontrar coartadas literarias en mis viajes. Y no iba a ser menos en Bruselas. Además, son palabras mayores: Victor Hugo y su relación con la Gran Plaza de Bruselas. 


Victor Hugo, bajo el falso nombre de Jackes Firmin Lanvin, vivió en esta plaza durante los quinientos días que estuvo exilado, cuando  se convirtiera en feroz enemigo de Napoleon III. En una anterior visita, en 1937,  durante un viaje que contó en su texto "En voyage, France et Belgique" describe la plaza con gran entusiasmo, "es una maravilla" y del ayuntamiento dice que es "una joya, una deslumbrante fantasía soñada por un poeta y realizada por un arquitecto ... no hay una fachada que no sea una fecha, un disfraz, una estrofa, una obra de arte. Hubiera deseado dibujarlas todas una tras otra".


Victor Hugo, "En voyage. France Belgique" 1935


Y durante su exilio (1851-1852), fue en la Gran Plaza donde terminó de escribir esa obra maestra que es Los Miserables. Su amante, Juliette Drouet, le había seguido a los pocos días, llevando en su equipaje el manuscrito de Los Miserables, que sería publicado diez años después en la ciudad de Bruselas. 


Les Mirerables, de Victor Hugo Bruselas,  1863



Y en 2012, al cumplirse los 150 años de esa publicación, en Bruselas tiraron la casa por la ventana con decenas de eventos conmemorativos. Si tienes curiosidad, aquí hay un enlace al resumen de todas ellas.



Pilar Otano Cabo

Badajoz (España), noviembre de 2025

viernes, 14 de noviembre de 2025

Lecturas en vuelo


Subimos en Madrid al avión con destino a Bruselas. Habíamos tardado una eternidad, no sé muy bien por qué, y ya casi todos los pasajeros estaban instalados, absortos en sus pantallas, como si el mundo solo existiera ahí. Digo casi todos, porque había un joven que leía un libro en papel. Como no puedo evitar leer todo lo que se me pone a tiro, mis ojos fueron derechitos al título: Las gratitudes, ese precioso libro de la francesa Delphine de Vigan; hermoso, como todo lo suyo.



Las gratitudes. Delphine de Vigan


Este libro habla de cosas que nos tocan a todos: el paso implacable del tiempo, la memoria que se escapa, la importancia de decir lo que llevamos dentro y, sobre todo, de esos vínculos humanos que no siempre dependen de la sangre.


Aquella lectura fue una de las joyas que me acompañaron durante el verano de 2025. Estaba entre una pila de libros escritos por mujeres, que se convirtieron en compañeras fieles de mis días estivales.


Después, vi que no era la única que elegía las páginas impresas frente a las pantallas digitales. Encontré más viajeros atrapados entre libros, en papel y en electrónico. Pero ese encuentro con Las gratitudes me caló hondo, muy hondo.


Las gratitudes

Delphine de Vigan

Traducción de Pablo Martín Sánchez

Anagrama, 2021

176 páginas


Pilar Otano Cabo

Badajoz (España)

Noviembre 2025



Libros escritos por mujeres